jueves, 26 de agosto de 2010

Fórmulas de inicio y cierre de cuentos

Aproximación a las fórmulas tradicionales de inicio y final de cuentos
por Juan Ignacio Pérez

Como tantos otros elementos de la tradición oral, las fórmulas de comienzo y cierre de cuentos, otrora tan valoradas, se han visto afectadas por el paso del tiempo y, como consecuencia, por la debilitación de la memoria y los cambios de gustos e intereses. Así, en las últimas recopilaciones de folclore narrativo las encontramos reducidas a su mínima expresión y, en los formatos contemporáneos del cuento oral, los narradores suelen prescindir de ellas al ejecutar sus repertorios, sobre todo cuando estos van dirigidos a público adulto o están planteados de forma autobiográfica.

Estas fórmulas, además de servir como pequeño divertimento de lenguaje, actúan como llaves metafóricas que abren y cierran un mundo paralelo de ilimitada elasticidad espacio-temporal, un universo en el que todo puede ocurrir y del que el narrador procura distanciarse con la pronunciación de determinadas palabras. Algo que nos conecta con épocas en las que, según cuentan, el relato, lo cotidiano y lo sobrenatural caminaban de la mano y que, en una secuencia de paralelismo evolutivo, parecen intuir sobre todo los más jóvenes, que entornan sus ojos, sellan sus labios y tensan sus orejas al oír alguna de estas expresiones.

En la tradición oral hispánica, a pesar de lo dicho anteriormente y de que las circunstancias que se suelen dar en los estudios de campo no favorecen la total espontaneidad de los informantes, podemos encontrar cierta variedad de fórmulas de inicio y cierre de relatos, unas procedentes de la cadena oral y otras como resultado de la invención personal de cada narrador. A continuación incluiremos algunas de ellas, entresacadas de colecciones de cuentos tradicionales en lengua castellana y de investigaciones propias.



Fórmulas de inicio

El empleo generalizado del pretérito imperfecto en las fórmulas básicas de inicio concede al cuento oral un valor poético añadido: Había una vez, Érase una vez, Érase que se era, Una vez era, Esta vez era, Era vez que, Era vez y vez (y su variante gaditana Era posivé) Esto venía a ser, Dicen [cuentan, resulta] que había, Esto quería ser, Esto había de ser, Vivían una vez... Con este uso se resalta la permanencia de los hechos en un pasado indeterminado y amplio, revistiéndolos de un halo de misterio ante el que no interesan aspectos como la fecha exacta de los acontecimientos, el momento y el lugar históricos o asuntos paratextuales como quién fue el primer cronista o el recopilador del relato. Nos basta con saber que los extraordinarios hechos que se nos van a presentar sucedieron pero no acabaron, estando conectados aún con nosotros.

Estas fórmulas fijas dominantes basadas en ese uso casi ritual del tiempo verbal se suelen ampliar y combinar de diversas formas:

• A mí me contaron una vez que era
• Una vez dicen que dijeron que había
• Esta era una vez que había
• Pues vamos a ver que dicen que había una vez
• Cuentan que cuentan que me contaron

En bastantes ocasiones los informantes se centran en aportar ambiguos datos geográficos...:

• En cierto pueblo
• En un pueblecito de España
• En cierto país ¡muy lejos, muy lejos!, que de lejos que era ya no me acuerdo ni dónde era
• En la tierra del olvido, donde nadie se acuerda ya de nada
• Allá, en un país muy lejano
• En el sitio donde Cristo fue a dar las tres voces
• Allá por donde San Pedro perdió el gorro

... o temporales:

• Hace mucho tiempo
• En tiempos / En tiempos malos
• En tiempos muy remotos
• Esto ocurrió hace mucho tiempo, y así como me lo contaron a mí os lo cuento yo a vosotros
• En cierta ocasión / Cierto día
• En aquellos años en que se pasó muchísima hambre
• Cuando Dios [Jesucristo y San Pedro] andaba por el mundo
• Esto que os voy a contar sucedió hará cien años, más o menos
• Hace ya muchísimos años
• Cuentan que hace muchos siglos
• Cuando los animales hablaban / Cuando los burros volaban, uno que lo vio me contó
• En tiempos de Maricastaña
• Allá por el año catapún

Y también alternan estas fórmulas de contenido con el empleo de vocativos como Pues señor o Pues mira y otras llamadas de atención más elaboradas y personales que parecen recurrir conscientemente al atractivo casi hipnótico del cuento oral:

• ¡Vayan cuentos y vengan cuentos!
• Cuento va y cuento viene, no te creas nada de lo que te cuenten

Incluso en algunas ocasiones se hace una tímida referencia a los agentes del acto, los narradores:

• Cuentan y no paran de contar
• Cuentan los que lo vieron (yo no estaba, pero me lo dijeron)
• Mi abuelo me contaba
• Aquí estoy para contarte la historia

Poco más utilizan los narradores tradicionales para iniciar un cuento. No olvidemos que lo que interesa es ir lo más pronto posible al grano, a la acción, para no perder la atención de la audiencia, de ahí que no se pierdan en descripciones o devaneos literarios tanto en el comienzo como en la narración propiamente dicha. Aunque...



Fórmulas de final o cierre

... como dicen que bien está lo que bien acaba, son muchísimos los narradores tradicionales que descuidan el inicio del relato pero que se esmeran en aportar un final atractivo; de ahí que esta segunda parte de nuestro trabajo vaya a resultar más generosa que la primera.

Habrá que citar en primer lugar a quienes eligen finales sobrios:

• Y así se acabó el cuento / Y se acabó
• Ahí terminó la historia
• Y así ya ha terminao
• Así que esto pasao, ya se acabó mi cuento / Y con esto se acaba el cuento
• Y nada más / Y no pasó nada más / Y ya no hay más
• ¡Ea! / ¡Ea, ya está!
• Y este cuento se ha acabado / Con que ya mi cuento se ha acabado / Y ya está el (mi) cuento acabado / Este es mi cuento acabao
• ¡Y chache!
• Hasta que este cuento se acabó
• Y ese cuento sacaron

Y luego partiremos de los conocidísimos colorín colorado y colorín colorete y de sus combinaciones básicas:

• Colorín colorado, cuento acabado
• Colorín colorado, este [mi] cuento se ha acabado
• Colorín colorado, este cuento está acabado
• Y el cuento colorado ya se ha acabado
• Y este cuento colorao por mi boca se ha escapao
• Así que esto pasó, ya mi cuento se acabó
• Y colorín colorete, el cuento se hizo cohete
• Colorín colorao, colorín colorete, por el bocín salió un cohete

A estas fórmulas, conocidas por todos, los narradores suelen añadir pequeñas rimas que pretenden provocar una sonrisa en el auditorio, sobre todo cuando este está compuesto de gente menuda:

• Colorín colorao, cuentecito rematao, y el que no alce el culo se lo ha chamuscao. Yo, que lo alcé, no me lo chamusqué
• Y ya está mi cuento acabado y mi culito chamuscado
• Y a quien no levante el culo se le queda pegado
• Y colorín colorete, por la chimenea sale un cohete y al que no alce el dedo, un cachete
• Y colorín colorete, por la chimenea sale un cohete y por el portal siete
• Cuento contao, cuento acabao, por la chimenea se va al tejao, y del tejao al pozo para que no lo escuche ningún mocoso
• ¿Te ha gustao? Pues por eso te lo he contao
• Y fue por un caminito y fue por otro y si este cuento te gustó, mañana te cuento otro
• Y entra por el sano y sale por el roto, el que quiera que venga y me cuente otro
• Y aquí se rompió una taza y cada quien para su casa
• Y como dice don Crispín, este cuento llegó a su fin
• Y aquí termina esta historia, más larga que una zanahoria
• ¿Y el burro? Pues álzale el rabo y bésale el culo
• Y se ahogó la zorra. Y ¡chachipiritorra!

En algunas historias, sin embargo, lo más importante para quien narra es dejar claro que, a pesar de todos los avatares descritos, los protagonistas (que son, al fin y al cabo, con quienes nos identificamos) no han sufrido daños y tendrán un final feliz, o sea, una vida mucho más placentera que la narrada:

• Y fueron [vivieron] felices
• Vivieron felices por muchos años
• Fueron felices hasta que murieron; Dios los tenga en su gloria, amén, Jesús
• Y desde entonces fueron muy felices y dichosos
• Y pasaron felices pascuas
• Y así terminó el cuento, todos felices y contentos

Este final feliz suele celebrarse, quizás para compensar el hambre imperante, con la mención de alimentos básicos como el pan, los ajos, el pimiento y los rábanos (tuertos y asados), aderezados con un poco de sal y alcaravea:

• Y se acabó el cuento con ajo y pimiento
• Con sal y pimiento se acabó el cuento
• Y se acabó mi cuento con pan y rábano tuerto
• Y ya se acabó el cuento con pan y pimiento y alcaravea para el que no lo crea
• Y ya se ha acabado el cuento con pan y pimientos y rábanos asados, y el que esté de pie...
• Y este cuento se ha acabado, de pan y pimiento y rábanos asados ¡y en el techo está colgado!
• Y se acabó el cuento con pan y pimiento, y rábano asao para el que lo ha escuchado
• Y se acabó el cuento con pan y pimiento. Se agarró la zapa al culo que esté sentado. Y se levantó, se achicharró. ¡Ea! Ya se acabó
• Aquí se termina el cuento con miguillas de pan y rábanos tuertos para mañana almorzar
• Y con esto y el cesto lleno con pan y pimientos y rabanillos tuertos se acaba este cuento
• Y se acabó el cuento con pera y pimiento
• Con pan y pimiento asado este cuento se ha acabado
• Y se acabó el cuento con pan y pimiento y rabanillos tuertos
• Y aquí se acabó el cuento con pan y pimiento y rábanos tuertos, y el que quiera más que vaya a mi huerto.
• Toma un poquito de alcaravea para que tú mañana lo veas
• Y un granito de sal para acabarlos de engañar

Aunque, si pueden permitirse un gran banquete, el plato principal, por exigencias de la rima, pasa de vegetal a animal, poniéndose en peligro la pervivencia de determinada ave:

• Vivieron felices y comieron perdices
• Se casaron, vivieron felices y comieron perdices, y a mí no me dieron porque no quisieron [porque no les dio la gana]
• Y vivieron felices y comieron perdices, y a nosotros nos dieron con el plato en las narices
• Y vivieron felices y comieron perdices, y a mí me dieron con los huesos en las narices
• Y vivieron felices, comieron perdices y yo no las comí porque no las quise
• Y fueron felices, comieron perdices, y a mí me dieron las patas y no las quise
• Comieron tantas perdices que se empacharon
• Y vivieron muy felices. Se comieron, lo menos, media docena de perdices
• Y ellos ya vivieron felices y comieron perdices y guardaron una patita para mí, y como no fui no la comí
• Y todos comieron perdices y vivieron felices y contentos, y a mí me dieron un rábano tuerto

Banquetes a los que determinados narradores, como vemos, parecen haber asistido, aunque con menos fortuna de la que quisieran:

• Y yo fui y vine y no me dieron ni para unos botines, y fui otra vez y me dieron pluma y papel
• Y yo fui y vine y me dieron los botines [patines] para los pies y en el camino los destrocé
• Y yo fui y vine y sólo me dieron para unos botines y, como eran de papel, por el camino los destrocé
• Y yo vine y me dieron unos zapatos de papel para que en el camino lo pudiera yo ver
• ¿Y qué me dieron? Unos zapatitos de afrecho; les soplé y se me fueron al techo
• Y yo fui y volví y sólo me dieron unos zapatos de manteca que se me derritieron en el camino
• Y a mí me dieron un sebo, pero en el camino por donde venía se me derritió y llegué a casa sin nada
• Ya no vi más porque me había hecho mi padre unas albarcas de manteca, y como hacía mucho calor, se me deshacían y me quedaba descalza y me tuve que venir
• Y ellos se repartieron el oro y a mí me dejaron pobre para contarlo
• Y yo, después de tanto ver, me vine a mi casa, y ellos se quedaron muy contentos y felices
• En fin, que ellos se disfrutaron muchos años y yo me vine aquí
• Y a mí me enviaron aquí a que te lo contara a ti
• Y yo estuve allí y de una patada me enviaron aquí
• Y cuando yo marché de aquel pueblo todavía quedaban bailando
• Y yo, al ver eso, me unté los zapatos con grasa y me vine corriendo para casa
• Yo me vine y allí se quedaron / Y yo me vine y los dejé allí
• Y yo me vine y no me dieron ni para un cigarrillo
• Ya fueron ellos a su palacio, unos a un lado y otros a otro, y yo fui y no me dieron ni el mandao
• Se acabó el cuento y yo fui a la muerte del amo, pero nada me dieron
• Del frite que se comieron me tiraron con un hueso en el tobillo, que aguate me rompen un colmillo
• Y yo me vine aquí y no vi más. Y yo me vine y los dejé, y no sé qué habrá sido de ellos
• Y cuando estaban en lo más bonito del sueño, vino el día y los despertó

Al volver de semejantes sitios, a veces no queda otra opción que poner tierra de por medio entre lo narrado y la realidad, de forma que todos (narrador y oyentes) puedan volver sin dejarse nada en ese más allá de los relatos:

• Y fue cosa de cuento
• Ellos allá y nosotros acá
• Nuestros cuentos en Flandes
• Y todo nuestro relato, mentira
• Chistera, chistera, este cuento está fuera
• ¿Qué hay en la plaza? Calabazas. Pues cada uno pa su casa. ¿Y qué hay dentro? Pipitas. Pues cada uno pa su casita
• Y cada uno se fue a su casa
• Y por un agujero entro y me salgo por otro. Y el que contó este cuento contará otro
• Se acabó el cuento y se lo llevó el viento y se fue por el mar adentro
• Y así pasaron muchos años hasta que este cuento se perdió entre castaños
• Y este cuento se perdió; cuando lo vuelva a encontrar te lo volveré a contar

Entonces, cuando el cuento nos estremece y sus palabras, a modo de varita de virtudes, consiguen que accedamos a mundos invisibles aunque posibles, el narrador aprovecha para pronunciar fórmulas de cierre que aspiran a ser conjuros mágicos:

• Quien no quiera creer esta historia verdadera, que su cabeza se le vuelva de cera
• Si es mentira, que se te vuelva todo un saco de harina; si es verdad, que se te vuelva saco de pan
• Nuestros reyezuelos, hueso en la espalda

Mención aparte merecen aquellos relatos que concluyen con un final rimado que hace referencia al propio desenlace del relato, no precisando entonces ninguna fórmula fija. Como ejemplos, remitimos a los siguientes textos de la colección de Aurelio Espinosa hijo (tomo II): 307 (Estas sí que son suegras), 314 (San Cristobalazos), 366 (El zurrón que cantaba) o 393 (El tío Monago de la Mata).

Y, rompiendo uno de los viejos tópicos sobre el cuento popular, diremos que muy pocos de estos textos (menos del 1% de los analizados) acaban con una sentencia didáctica o moralizante, lo que refleja una cuestión ya explicada en otros estudios: que la utilización ejemplarizante de los cuentos de tradición oral se procesó al margen de la cadena espontánea y con fines absolutamente distintos a los que impulsaban a la gente sencilla a narrar estos cuentos. Es precisamente en los textos de tipo religioso donde encontramos estos finales que quieren, además, insistir en la veracidad de lo contado:

• Porque están castigados por la mano de Dios
• Y era que Dios ya le había perdonado
• Y así pagó su delito
• Quien todo lo quiere todo lo pierde
• Mire usted qué milagro tan hermoso que hizo el Señor

Una penúltima cuestión. Francisco Castro, excelente informante de la comarca del Campo de Gibraltar, aún cerrando siempre sus cuentos con una ración de “rabanillos tuertos”, en cierta ocasión añadió: “Para que no se olvide”. ¿Podría ser la fórmula de cierre una forma de conjurar el olvido, enemigo de la tradición oral y de nuestra propia historia personal? Los efectos que estos finales tengan en cada uno de nosotros nos darán pistas para respondernos.

En fin, si todavía hay quienes insisten en buscar conexiones con la realidad, sin pensar que los cuentos, cuentos son, los narradores también tienen un final para ellos:

• Si ustedes no se lo creen podemos ir a casa de los felices esposos que estarán todavía comiendo perdices
• Esto pasó en Fuente el Césped, de donde era el tío Caspe
• Se lo he oído contar a la abuela
• Esto es verdad y no miento, y como me lo contaron te lo cuento

Pues eso: Como me lo contaron os lo cuento y me alejo de esta historia sin guardarme nada dentro.



Bibliografía consultada

• CUENTOS POPULARES ESPAÑOLES (3 vol.) Aurelio M. Espinosa, padre. CSIC. Madrid, 1946.
• CUENTOS POPULARES DE CASTILLA Y LEÓN. Aurelio M. Espinosa, hijo. CSIC. Madrid, 1996 (vol. I), 1988 (vol. II).
• CATÁLOGO TIPOLÓGICO DEL CUENTO FOLKLÓRICO ESPAÑOL. CUENTOS MARAVILLOSOS. Julio Camarena y Maxime Chevalier. Editorial Gredos. Madrid, 1995.
• CATÁLOGO TIPOLÓGICO DEL CUENTO FOLKLÓRICO ESPAÑOL. CUENTOS DE ANIMALES. Julio Camarena y Maxime Chevalier. Editorial Gredos. Madrid, 1997.
• CATÁLOGO TIPOLÓGICO DEL CUENTO FOLKLÓRICO ESPAÑOL. CUENTOS RELIGIOSOS. Julio Camarena y Maxime Chevalier. Centro de Estudios Cervantinos. Alcalá de Henares, 2003.
• CATÁLOGO TIPOLÓGICO DEL CUENTO FOLKLÓRICO ESPAÑOL. CUENTOS NOVELESCOS. Julio Camarena y Maxime Chevalier. Centro de Estudios Cervantinos. Alcalá de Henares, 2003.
• CUENTOS POPULARES SEVILLANOS (2 vol.) José Luis Agúndez. Fundación Machado. Sevilla, 1999.
• ERA POSIVÉ. Carmen García Surrallés. Universidad de Cádiz. Cádiz, 1992.
• DEBAJO DEL PUENTE. Juan Ignacio Pérez y Ana María Martínez. LitOral. Algeciras, 2002.
• CIEN CUENTOS POPULARES ANDALUCES. Juan Ignacio Pérez y Ana María Martínez. LitOral. Algeciras, 2003.
• LEYENDAS Y CUENTOS DE ENCANTAMIENTO RECOGIDOS JUNTO AL ESTRECHO DE GIBRALTAR. Juan Ignacio Pérez y Ana María Martínez. LitOral-Servicio de Publicaciones de la Diputación de Cádiz. Algeciras, 2004.



© Juan Ignacio Pérez

Artículo publicado en la revista Tantágora nº 2 (2006)

3 comentarios:

  1. Me instruyó bastante para trabajar los cuentos con mis estudiantes.

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  2. caerse no es fracasar si no es no intentarlo hastac segui a tu corazon

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  3. excelente material me ayudo mucho.

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